Si queda alguien por ahí leyendo todavía, seguro recordará que el año pasado fue un año de cambios para mí, especialmente porque bajé 8 kg y cambié bastante mi forma de comer. Es decir, recorté muchísimo la ingesta de harinas y cosas dulces y dejé de hornear, salvo cuando alguna ocasión especial lo requiriera.
El asunto es que el esfuerzo fue enorme y no quiero echar todo por la borda, pero hace ya unos cuantos meses que se vienen dando una serie de reuniones familiares y con amigos y… volví a hornear… y a comer. Tuve una recaída, como un adicto en recuperación. Sí, aumenté de peso otra vez, pero poco, y estoy tratando de volver a bajar. Pero lo peor es que las reuniones no se acaban, las cosas ricas me llaman, me golpean la puerta del horno, me quieren quebrar (!!).
Necesito recuperar un poco de esa fuerza de voluntad que tuve el año pasado para volver a mi peso. ¿Tendré que dejar de ver a mis amigos, que me invitan a merendar, a cenar, a almorzar? ¿Deberé volverme más ermitaña de lo que ya soy? Oh, dilemas, dilemas.
Esta fue mi última producción, para una reunión cumbre/de cumpleaños con mis compañeras de trabajo.
Mañana encima nos juntamos a merendar/cenar con Máximo y Zoqueta. ¡Zas!
Oh Lord, give me strength.